
Él, junto a mas de 50000 personas que desde todos los puntos del país, e
incluso de países limítrofes, viajo hasta ese rincón de las sierras cordobesas
para ser parte de lo que debió ser una verdadera fiesta popular.
Ismael viajo desde Merlo,
junto a su novia, y, como miles de jóvenes, al intentar ingresar al aeródromo de
la villa, fue victima de la violencia de la policía provincial, aunque en su
caso el desenlace fue dramático.
La última vez que lo vieron,
Ismael, había sufrido una brutal golpiza por parte de la policía que,
extrañamente, realizaba los “chacheos” portando sus armas reglamentarias; cinco
días más tarde su cuerpo sin vida aparecía en las aguas del lago que baña Villa
Rumipal.
Ismael Sosa, al igual que
Walter Bulacio y Ruben Carballo, es una victima más de la represión policial
que día a día se cobra la vida de miles jóvenes argentinos que se animan a
rebelarse contra el orden establecido, ya sea organizándose, negándose a robar
o yendo a ver una banda rock.
Su muerte no debe quedar
impune y debe ser una bisagra en la historia de nuestro país que, en mas de treinta
años de democracia, se cobro la vida de mas de 2700 personas, en su mayoría jóvenes,
victimas del aparato represivo estatal.
Desde Jóvenes Al Frente, acompañamos el dolor
de la familia y los amigos y reclamamos el inmediato esclarecimiento del caso y
el juicio y castigo a los responsables del asesinato de Ismael Sosa.
¡Ni un pibe menos!
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